-¿Por qué lloras? todo este mal, este dolor, lo has despertado tú solo.
-Pero yo no creí...yo...no lo busqué, nunca pensé que tanto daño pudiera salir de ahí.
-¿Nunca te preguntaste que mantenía cerrada tu herida? ¿qué mantiene cerrada la suya?
-Pensaba que la cicatriz había curado, y sin embargo...mírala, está sangrando ¿por qué? debería estar completamente cerrada, debería poder recibir golpes como antes lo hacía; sin caer, sin sufrir, sin volverse a abrir. Pensé que todo había desaparecido, lo guardé, lo olvidé, lo borré...
-No es tan fácil como encerrar a la bestia en su celda y esperar que nunca luche por ser libre, no se trata de olvidar lo pasado, no es cuestión de aparentar que la herida nunca ha existido.
-¿Y entonces qué he de hacer? no conseguiré ganar esta batalla...mi oponente ni siquiera sabe que estoy luchando y aun así el camino está plagado de trampas y yo caigo en todas y cada una de ellas confiado en pasarlas sin mayor esfuerzo. Y mírame, después de tanto tiempo de lucha...la primera herida, la única que parecía curada...yo...
-Te caerás, sangrarás, llorarás de dolor, de rabia, a veces incluso pedirás regresar, suplicarás volver atrás pero, amigo mío, te levantarás y tus heridas sanarán y llegará el día en que no queden más lágrimas que derramar y mirarás atrás, no queriendo volver ni queriendo huir de ello, mirarás atrás y verás tu vida, tal y como ha sido, tal y como tú la has construido, con tus aciertos y tus fallos, con tus pasos marcados en el camino y podrás mirarla de frente, a los ojos y reconocerte en ella y ella te acompañará en el resto del camino silenciosa, sólo ahí para cuando tú quieras mirarla.
- Sigamos caminando, el dolor cesará.
viernes, 17 de abril de 2009
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