viernes, 30 de enero de 2009

nota al pie.

No soy importante, no pretendo serlo. Al menos no ahora, no por las metas que en tu mente me impones y finges mías en voz alta. No así, no ahora. No soy el best-seller, ni siquiera soy novela, de hecho no creo llegar ni al relato; de momento soy una nota al pie. Sí, eso soy: soy la nota escrita al pie por el traductor, re inventor, re escritor, de la versión original. Soy la nota a pie de página a la que declaran aclaratoria y que sin embargo incita a la contradicción, a la confusión. Soy fácil de leer para ojos escrutadores; mi sino es la superficialidad de aquellos cuya atención capto. En contadas ocasiones percibo con entusiasmo miradas inquisitivas, ávidas de saber, de bucear en la información condensada que me forma y sumergirse bajo la superficie de mis líneas; y son únicamente estas las que me salvan de resbalar hacia una nada sin final, las que impiden mi caída de las páginas y evitan que sea una nota sin pie en ningún sitio. Escrita en chiquitito tengo claras mis dimensiones, no busco más espacio, pero me niego a ceder un milímetro de mis márgenes, peleo arduo cada línea, cada sangrado. Y es que mis líneas, cortas, fugaces, esas que tú crees secas de imaginación, de intriga, esconden mucho más de lo que dicen, y expresan mucho más de lo que podrías llegar a sospechar. Prólogo y epílogo en un mismo lugar.

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